El otoño no solo conlleva un cambio de paisaje, sino también de las necesidades de nuestro cuidado personal. Con la llegada de las temperaturas más frescas, la bajada de la humedad ambiental y el viento característico de estos meses, tanto la piel como el cuero cabelludo se enfrentan a un mayor reto para mantener su hidratación y equilibrio natural.
Estos factores climáticos pueden provocar sequedad, tirantez y una mayor sensibilidad cutánea, además de influir en el ciclo capilar, por lo que adaptar nuestra rutina de cuidado se convierte en la clave fundamental para protegernos y mantenernos saludables durante toda la temporada.
Las principales afecciones dérmicas son:
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